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Cargando La Suerte

Samuel Navalón con tres orejas y Borja Jiménez con una de cada oponente, consiguieron el triunfo en Manzanares ante una deslucida corrida de Las Ramblas. David de Miranda sale de vacío, en una tarde sin apenas opciones para el onubense.

Véase por Rambla aquel cauce que en la mayor parte del tiempo se encuentra vacío, dormido, seco, por el que el tiempo pasa en silencio, como el toro bravo en la soledad del campo, como si ambos no escondieran nada. Hasta que el cielo decide abrirse y entonces de desatan torrentes de agua y vida, recordando como el toro bravo en su hábitat, que la calma nunca está reñida con la fuerza.

En el monumental y centenario (1900) coso de Manzanares la soporífera tarde veraniega sería testigo ante medio aforo de público del transitar de seis ramblas por las que no circuló el agua encastada de la bravura, material con el que anduvieron más que sobrados Borja Jiménez, David de Miranda y Samuel Navalón, estos dos últimos desmonterados en un paseíllo rematado con el himno de todos los españoles. Al término del mismo y con España en semifinales del mundial, los aficionados departían de cara al próximo martes las posibles quinielas frente Argentina… ¡vamos España!

El primero mostró en su carta de presentación una flojedad manifiesta, que sería tónica general en sus hermanos, la cual tuvo en Borja Jiménez un torero que evoluciona cada temporada en registros técnicos como quedaron demostrados en este de Las Ramblas al que lo fácil hubiera sido derrumbarlo en cualquier desajuste del trazo, altura o ritmo. Jiménez se lo hizo perfecto en los inicios, consiguiendo por ese palo del temple la solución a los males. Una vez afianzado su oponente y midiendo cada acción, logró incluso gustarse por abajo al natural, con pasajes notables. Le fue concedida una oreja tras una estocada desprendida.

Otro apéndice del cuarto obtuvo el sevillano por otros registros del alarde, la cercanía y el desplante que tanto agradece y premia el respetable manchego, siempre a favor de obra con los toreros y sus esfuerzos, aunque allí abajo se carezca del elemento indispensable para llevar a cabo el arte de torear. Mis respetos a todos los públicos y su soberanía de criterio disperso, faltaría más…

David de Miranda es un torero a punto de cumplir diez años de alternativa y atraviesa el momento más importante de su carrera. “El Miranda” tiene en la mirada el hambre de triunfo, en los aposentos de sus talones se sostiene un concepto tan caro como duro en su manera de entender el toreo, y ahora, se le aprecia además una progresión bárbara en los trazos de sus chismes. Siempre erguido, hierático en todo momento, y apabullante ante dos enemigos, que hoy no le dejaron apenas expresarse. 

Ante el segundo, si la espada no hubiese encontrado hueso, hubiera tocado pelo con total certeza, y ante su segundo, sin opción alguna de lucimiento artístico más allá de andar por allí, recetó un volapié merecedor por si solo de una oreja, pero de esto no se suele enterar mi Españita profunda. 

Samuel Navalón, otro que tal baila, de los toreros que conforman, a Dios gracias, ese grupo de emergentes que conforman el futuro imparable del escalafón. El albaceteño de adopción nacido en Ayora embistió más que sus enemigos y en la víspera de su paso por San Fermín dejó patente lo que esconde su mano de cartas con la que afronta cada tarde. La baraja de cartas de Navalón lleva leña para ganar cualquier envite, porque tiene valor, porque está fresco ante los animales, porque tiene recursos, porque en definitiva quiere ser alguien en esto.

Una generosa segunda oreja fue a parar a sus manos tras despenar de buena factura al primero, y otra más del “sexto bis” le harían resultar el triunfador numérico de una tarde que no pasará a la amplia historia de los anales del coso manzanareño. Eso sí, independientemente del balance artístico de la tarde, Manzanares disfrutó de la fiesta de los toros y muestra de ello la interpretación del tendido de ese himno extraoficial de la localidad “Bautizao con vino blanco” que como nos cuenta nuestro gran amigo y buen aficionado manzanareño “Nachi” dice así:

«Bautizao con vino blanco, lo mejor del mundo entero.
Yo he nacido en Manzanares y por eso soy manchego.
Viva la Bodega Larios y la Taberna de Muertes.
Viva el Paseo de los Pinos y vivan los Cinco Puentes»

Plaza de Toros de Manzanares (1900). Media entrada de aforo. Tarde soporífera de calor.

Se lidiaron toros de Las Ramblas, bien presentados a pesar de la desigualdad en sus caras, y en sus hechuras. Nobles, manejables, pero sin poder ni transmisión.

Borja Jiménez, de lila y oro: Oreja y oreja

David de Miranda, de rioja y azabache: Ovación y palmas.

Samuel Navalón, de lila y oro: Dos orejas y oreja. 

Saludó montera en mano Juan Carlos Rey tras parear al cuarto.

Borja Jiménez y Samuel Navalón salieron a hombros. 

Crónica: Airén y Azabache

Galería fotográfica: © Manuel del Moral Manzanares

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