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Cargando La Suerte

Tremendo fue el “No hay billetes” de Almodóvar del Campo para vivir una tarde en la que David de Miranda sentenció su gran momento (cuatro orejas y rabo) Talavante dibujó el toreo y Morante se volvió encontrar con su cruz ante el lote más deslucido.

Crónica: Airén y Azabache

Galería fotográfica: © Manuel del Moral Manzanares

Preciosa la tarde, serena, como la habría calificado Rafael, a pesar de una ligera brisa con atisbos de molestia. El ligero retraso escondió una sonrisa de satisfacción, la de un pueblo el de Almodóvar del Campo, que como el castillo de su loma muestra la fortaleza de la unión formada por ayuntamiento, empresa (familia Cutiño), Club Taurino y toda su afición que vio colgar el cartel de “No hay billetes” por segundo año consecutivo.

Desde el gaditano parque natural de Los Alcornocales envió Santiago Domecq una entipada y bella corrida de toros para la ocasión. Quizá le faltó en su conjunto el gas y la transmisión que otras veces ha definido el buen momento de esta divisa, pero a excepción del tosco cuarto, hubo esa clase entregada que permite que el toreo se pueda deletrear.

Tras el paseíllo sonó el himno nacional, aclamado por el respetable a su fin, para que la tarde la abriera el genio de La Puebla del Rio. Alabardero, el de peores hechuras por desgarbado y alto, ofreció a Morante pocas opciones, y ya en el recibo, donde solo pudo largarle tela en una verónica, fue el preludio de que aquello iba a tener escaso fuste. La poderosa y pura en su esencia muleta del maestro, lo llevó por el lado derecho con trazo y pulcritud en varias tandas que conformaron un trasteo con mas poso para el aficionado que para el grueso del respetable. Se le escapó la oreja con el fallo a espadas.

Ante el cuarto anduvo José Antonio esquivando disparos en los que se entretuvo Ecijano, el más deslucido de los seis, que repuso con guasa por el lado izquierdo y en ningún momento se quiso entregar a la verdad del genio, tendrá que ser otro día para desgracia de los presentes.  

Alejandro Talavante y David de Miranda si que pudieron expresar y mostrar sus conceptos, así como el momento que atraviesan, destacando el soberbio punto alcanzado por el onubense De Miranda que cuajó una tarde sin resquicios, de figurón del toreo.

El extremeño se llevó el lote más enclasado, pudiendo mostrar la frescura e improvisación desde el inicio, donde afaroló al segundo para después hilvanarle verónicas y chicuelinas en un recibo muy vistoso que completó después en un quite por saltilleras. En la muleta hubo el compás y el ritmo que Talavante atesora con una estética suprema y una cadencia en los vuelos que transmiten esa belleza tan personal y única. La efectiva espada algo desprendida hizo caer las dos orejas.

Tras los pitos poco sensatos a Morante saltó un quinto toro guapo a rabiar, bajo y con todo en sus hechuras para embestir. Lo recogió en su percal Talavante a la verónica cogiéndole fácil el aire. Tuvo movilidad y prontitud y por ello interrumpió el quite al respetable, improvisando Tala una serie al natural con la ayuda y la montera en la otra mano en un chispazo de interpretación que metió al público en la faena sin esta haber apenas comenzado. Sobre el ruedo quedó la montera y sobre el ruedo echó las rodillas el extremeño para cambiarlo por la espalda y reventar la profundidad de Capitán que se fue tras los vuelos con una clase excelsa. Tras una serie con la diestra surgió un cambio de mano maestrante, eterno, acariciando la embestida y sacando los vuelos por debajo del tremendo pitón izquierdo del animal, que de haber tenido un punto más de gas, quizá hubiera vuelto con vida para la finca jerezana de Garcisobaco. La obra cincelada por Tala no tuvo rubrica con el acero y en ovación quedó el trance.

David de Miranda se hizo presente ante el tercero, mostrando ya la soberbia quietud del onubense, que aplastó en dominio a su lote. Tras un buen puyazo asentó los talones en una baldosa para ofrecerle quizá la saltillera más pura y solemne de la actualidad. Tras brindar al respetable comenzó de rodillas con un aroma sensacional, ligando lo expuesto con lo reunido y bello; tremendo. Ya en vertical supo acompañar la embestida de Toledano, otro gran toro al que había que templar y vaya que si lo templó. No solo anduvo colosal de plantas, sino que la franela la movió con un temple impecable. Se volcó tras el acero en una estocada de libro que hizo rodar al toro sin puntilla siéndole otorgados los máximos trofeos, los cuales mostró De Miranda con ecos de palmas por bulerías que anuncian que Huelva quizá tenga al próximo figurón del toreo.

El sexto tuvo acidez en los primeros tercios, sin decir nada, pero en la muleta volvió a haber comunión entre el Miranda y su oponente, que no es un toro u otro sino la búsqueda interior de su concepto, por el que a los toros no les queda otro remedio que embestir y así le ocurrió a Comadreja. El inicio tuvo torería con una rodilla en tierra, a dos manos, bellísimo. En los medios la colocación fue el soporte una vez más; pisa el sitio de los elegidos y tiene dos muñecas por las que fluye el toreo. En este Comadreja, menos profundo, ofreció media muleta, tirando de el en todo momento y dejándole que le llegara en varias ocasiones con los pitones a la femoral, epicentro donde se asienta gran parte de su tauromaquia. Un hondísimo trincherazo con la mano izquierda provocó el bien del maestro Enrique Ponce al que se le ve disfrutar con el momento de su torero. Otro espadazo le hizo acreedor del doble trofeo en una tarde de registro colosal para De Miranda en su reencuentro con Almodóvar del Campo. 

Plaza de toros de Almodóvar del Campo. Sábado 19 de septiembre de 2026. Tarde espléndida con un formidable lleno de “No hay billetes”

Se lidiaron toros de Santiago Domecq, bien presentados y de un gran juego en líneas generales. El tercero, de nombre Toledano fue premiado con la vuelta al ruedo.

Morante de la Puebla, de nazareno y azabache: Ovación y leves pitos.

Alejandro Talavante, de blanco y oro: Dos orejas y ovación

David de Miranda, de grana y oro: Dos orejas y rabo y dos orejas. 

Talavante y De Miranda salieron a hombros por la puerta grande.

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