Este pasado lunes nos ha dejado Carmona, el eterno “alguacilillo” del coso taurino de la capital, donde mantuvo dicho desempeño durante nada más y nada menos que la mitad del pasado siglo.
Nació un 18 de julio de 1934 en Cabezarados (Ciudad Real), en el seno de una familia extremeña procedente de Campanario (Badajoz). Su vida fue creciendo en esta pequeña localidad de la provincia, donde el campo, los animales y el entorno rural fueron forjando a la persona de Arnulfo Carmona Mansilla, quien junto a su hermano Serafín se fue buscando un porvenir a través de la compra y venta de ganado.
Arnulfo (conocido entre sus amigos por Manolo) fue un enamorado del caballo, que es el animal que da sentido a su larga trayectoria como alguacil de la plaza de toros de la capital. Una andadura que comienza a mitad del pasado siglo, en los años cincuenta y se extiende hasta los primeros años de la década de los dos mil. El largo periplo de Canorea como empresario de Ciudad Real tuvo a Carmona como alguacilillo en tantas y tantas tardes donde fue testigo y parte de un importante periodo de la historia del coso capitalino.
El legado de Carmona fue recogido por su hijo Manolo, que llegó a ser rejoneador y a buen seguro, con quien viviría una de las etapas más intensas y emocionantes de su vida. La figura de Manolo como alguacil la ha seguido su mujer, Lourdes Serrano de la Cruz, y más recientemente Lucía Carmona, la nieta de Carmona que a día de hoy compone la pareja de alguaciles de la plaza de toros de Ciudad Real.
Vaya desde aquí nuestro más sentido pésame a los familiares y amigos de Carmona, un amante del caballo y un personaje pintoresco de los que conforman la historia de un coso taurino como el de Ciudad Real. Ya estará Manolo en el cielo renovando aquel carnet de alguacil emitido por la empresa Canorea-Pagés del que orgulloso hacía gala en numerosas ocasiones. Descanse en paz.
Informa: Víctor Dorado Prado