La garra del maestro “Calatraveño” revivió en Jesús Herrera y Juan Robles con ansias de ser toreros. Cuatro orejas amarró el peruano y tres el fernanduco, al igual que el alicantino Rodrigo Villalón, quien ponderó un concepto más académico.
Con gran ambiente en los tendidos se celebró la segunda edición del certamen que organiza la escuela taurina de Ciudad Real, y ahora sí, con reconocida identidad en lo que al nombre del propio certamen se refiere, y vaya nombre; “Certamen José Ruiz Calatraveño” aquel coloso del valor y la entrega, de Bolaños de Calatrava. Aunque solo sea dando nombre a un certamen, emociona verlo y leerlo en los carteles.
Los graves incendios que asolan el centro del país dejaron entrever sobre el ambiente un velo de humo preocupante sobre la situación que vivimos en España y donde el toro bravo como otros cientos de especies animales quedan expuestos con injusta vulnerabilidad; y es que la naturaleza no se protege desde los despachos, sino también con las manos de quienes la cuidan cada día.
Como por ejemplo en Villamanrique (Ciudad Real) en la finca “Sierra San Cristóbal” donde pastan las reses del hierro de Manuela Patón, que lidió una seria novillada, con volumen de utrero en varios de ellos. Una divisa manchega conformada con reses adquiridas al maestro “Morante de la Puebla” y cuya procedencia se estructura en varias líneas de Domecq, vía “La Campana” (Juan Pedro Domecq, Cuvillo, Algarra…).
Cierto es que la novillada tuvo más vida que clase, y por consiguiente, más transmisión que profundidad, pero en este tipo de festejos donde el componente “oportunidad” es la clave, la movilidad y el ir hacia delante es lo mínimo exigible en los erales, al igual que en los novilleros, donde la disposición y el querer son el fumet indispensable para que el arroz tenga fundamento.
Y vaya que si tuvo fundamento la disposición de los actuantes, con Jesús Herrera como abanderado de esas ansias por ser alguien en este mundo. El peruano traspasó la línea del esfuerzo, la línea de la disposición, la línea del compromiso e incluso por momentos, la línea de la razón, que por otro lado es la clave en esta fase de sus carreras.
El recibo a porta gayola, las numerosas largas cambiadas, los variados quites con el capote a la espalda en cada turno, haciéndose presente a cada momento son baluartes de actitud que van a parar a ese saco quizá descosido de la voluntad, pero no queda ahí, porque fuera de ese saco quedaron lances a la verónica con gusto, queriendo sentirse con el pecho abalanzado hacia la pierna que cargó la suerte, consiguiendo reunirse con aquello de categoría, es decir, que no solo sabe arrear.
Los comienzos de faena tuvieron vibración, como el resto de momentos, hubo continuidad y conexión con el tendido de manera regular, y ese es otro matiz a favor de Herrera. Si quizá viviéramos otra época pasada del toreo, con menos norma y decreto, el próximo día 19 de agosto, en Ciudad Real, a Jesús Herrera le ofrecían el debut con caballos.
Juan Robles abrió plaza en la puerta de chiqueros, dejando las credenciales de quien representa los valores del torero de la tierra luchador y humilde, pero quien no se deja nada dentro y quien sabe que el sistema, la vida y el frenesí de las cosas no le van a regalar demasiadas oportunidades. Robles pechó en ese primero con un novillo que pronto marcó las querencias y que quizá fueron más acusadas por el atropellado inicio capotero tan pegado a terrenos de la querencia. El de Manuela Patón se deslizó en los capotes de brega con clase y recorrido, pero le pudo el refugio de las tablas y el acobardamiento para ofrecer dificultades en la muleta a Robles, quien con ese condicionante tuvo difícil estructurar aquello.
Ante el sardito que hizo cuarto tuvo algo más de material con el que dejarse ver, mostrarse y entregarse como se entregó, obteniendo dos orejas tras cobrar una gran estocada al segundo intento. Antonio Cama y Sergio Mata protagonizaron un gran tercio de banderillas, saludando montera en mano.
Robles revive los trasfondos de dificultades con los que la vida te pone a prueba, pero tiene un arma letal contra ello, y es que en su interior habita un espíritu de ilusión que puede con lo que venga. El brindis a sus tíos Pablo y Lolo en el cuarto, tuvo el lujo único que solo la verdad posee, ahí no caben galerías, ni escaparates de interés, en ese brindis está solo la fuerza inquebrantable de la bondad y el corazón. Qué bonito suena el que Fernancaballero pueda tener un torero.
La terna fue completada por el alicantino Rodrigo Villalón, quien ofreció una versión distinta, buscando la corrección en todo momento y dejando menos espacio a la fresca improvisación. Diversidad de criterios, Bendito sea Dios que así sea, ya que el toreo goza de esa pluralidad. Villalón anduvo poco reunido con su primero, al que pasó con pulcritud, pero sin tropiezos ni apreturas, tan sanas como interesantes en estos comienzos. Con el que cerró plaza destelleó con calidad por momentos. El pasodoble “La Concha Flamenca” repetitivo ya hasta decir basta en Ciudad Real se hizo protagonista en una faena de alti bajos premiada con una excesiva e incomprensible segunda oreja, tras una faena intermitente en lo destacable, viajando además el acero a los bajos.
El presidente de la Diputación Provincial de Ciudad Real, D. Miguel Ángel Valverde, junto al alcalde de la ciudad, D. Francisco Cañizares, así como el vicepresidente de la Diputación, D. Adrián Fernández hicieron entrega a los actuantes de los diferentes galardones y donde Jesús Herrera se alzó con el II certamen “José Ruiz Calatraveño” aquel coloso del valor y la entrega…
Plaza de Toros de Ciudad Real. Domingo 26 de julio de 2026. Final del II Certamen José Ruiz Calatraveño. Novillada sin picadores. Tarde agradable dentro del calor de la época. Media entrada.
Se lidiaron novillos de Dña. Manuela Patón, bien presentados, con transmisión y buen fondo.
Juan Robles, de gris plomo y azabache: Oreja y dos orejas.
Jesús Herrera, de oliva y oro: Dos orejas y dos orejas.
Rodrigo Villalón, de gris perla y oro: Oreja y dos orejas.
Saludaron montera en mano Antonio Cama y Sergio Mata tras parear al cuarto.
Robles, Herrera y Villalon, acompañados por el ganadero salieron a hombros por la puerta grande.
Crónica: Airén y Azabache
Galería fotográfica: © Manuel del Moral Manzanares















































































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